Siguiendo con este proceso de duelo que implica despedir a mi abuela, aceptar su no presencia física, pero si su eterna companía sigo.
Mi madre fue a Paraná y se ocupó de la mudanza; cosa que me hubiera gustado hacer.Cuando llegó el camión de la mudanza con sus cosas para acá, me puse muy triste, muy llorona. Esto implicaba ver sus cosas, su mecedora eterna donde me parece verla sentada, su radio Spica, sus portaretratos de todos nosotros y también sus 7 bisnietos, sus adornos, su vajilla, etc. Lo que mas me importa rescatar son sus fotos, sus recuerdos, sus papeles. Pero esto me generó una gran ambivalencia, porque por un lado, me sentía feliz al poder tener entre mis manos sus fotos, sus papeles, sus cosas; pero a la vez, sentía una sensación de usurpación, de violación de su intimidad, de su vida. Ella era una persona muy entera, muy cuidadosa de sus cosas, de sus pertenencias (ya sean objetos o nosotros sus nietos), valoraba la vida y valoraba todo lo que ella incluye; entonces estar husmeando en sus cartas, sus fotos, sus papeles me hacía sentir una intrusa... pero a la vez, feliz de poder quedarme con eso. Ella no está, pero qué derecho tengo en revisar sus cartas por ejemplo?
Además, todo esto de ver su vida, su mudanza en casa me hacía creer que ella estaba, porque ahí estaban sus cosas, su olor, su vida, pero a la vez no está.
La vida es esto, un fluir, un continuar, un continuo aprendizaje.
Abuela, ojalá pueda atesorar tus cosas como vos atesoraste tu vida y la nuestra. Ojalá pueda cuidarte como vos siempre nos cuidaste. Te amaré por siempre.
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